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Cuerpo

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Antes de que la mente construya una historia o de que una emoción llegue a hacerse consciente, algo en el cuerpo ya se tensó, se contrajo, se aceleró o se apagó. Muchas de esas respuestas permanecen con nosotros en la postura, la respiración, el cansancio, la rigidez o ciertas formas de permanecer constantemente en alerta; adaptaciones que en algún momento tuvieron sentido y que, con el tiempo, pueden convertirse en maneras automáticas de habitar la vida. En PresenciaLab, trabajar con el cuerpo no significa simplemente “escucharlo”, sino aprender a percibir lo que sucede en él y reconocer la información que contiene. Cuando desarrollamos esa sensibilidad, el cuerpo deja de ser únicamente el lugar donde reaccionamos y comienza a convertirse en un punto de referencia desde el cual regularnos, orientarnos y volver al presente. Un cuerpo integrado no es un cuerpo perfecto, sino un cuerpo disponible para sentir, responder y estar plenamente.

Te pregunto algo simple.

¿Cómo estás respirando ahora? Sin intentar cambiar nada, solo observa.

La mayoría de las personas vive en la cabeza y el cuerpo se convierte en una especie de herramienta o de vehículo para la mente, pero sin presencia corporal, la regulación es frágil.

El cuerpo habla en señales pequeñas como esa tensión en la mandíbula, la presión en el pecho, el cansancio que no se quita durmiendo más.

No necesitas forzarlo ni dominarlo sino reconectarte con compasión y reconocimiento hacia tu propio proceso.

Cuando el cuerpo deja de estar en segundo plano, poco a poco todo comienza a estabilizarse, las decisiones cambian, la reacción disminuye y el ruido mental comienza a menguar.

Si has sentido que tu sistema vive acelerado o desconectado, no es casualidad.

Ten en cuenta que es posible tener una mejor experiencia de vida.

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